
Treinta años después de comenzar a hacer música juntos, Tomates Fritos sigue buscando canciones que los sorprendan.
Desde Puerto La Cruz, Venezuela, Reynaldo Goitia y Kike Franco conversan con nosotros sobre el largo camino que ha recorrido la banda: los viajes a Caracas para tocar, los cambios en la industria musical venezolana, las distintas etapas de la banda y la forma en la que han aprendido a sostener un proyecto musical sin dejar de cuestionarlo.
Hablar con Tomates Fritos es hablar de una carrera construida sin atajos, pero también de una identidad que se ha ido formando a fuerza de probar, descartar y volver a empezar. Una banda que, después de tres décadas, sigue preguntándose si una canción suena demasiado común y que prefiere correr el riesgo de equivocarse antes que repetirse.
En esta conversación, Reynaldo y Kike recorren buena parte de esa historia y nos dejan entrar en su manera de entender la música, la amistad y el oficio de seguir haciendo canciones.
Treinta años y todavía buscando
Tomates Fritos no llegó hasta aquí siguiendo un camino recto.
Desde sus primeros años, la banda tuvo que viajar de Puerto La Cruz a Caracas para presentar sus canciones, tocar donde hubiera oportunidad y construir su público poco a poco hasta consolidarse: paso a paso, subiendo cada escalón y encontrando el oro verdadero en el proceso para lograr cada meta.
Tres décadas más tarde, esa experiencia sigue presente en su manera de entender una carrera: no medirlo todo por el resultado inmediato, aprender a disfrutar los pequeños avances y entender que una banda también se construye en los lugares donde todavía nadie sabe quién eres.
Una canción tiene que sobrevivir al filtro
Para Tomates Fritos, componer también significa decidir qué no funciona.
Las canciones pasan por discusiones, desacuerdos y un filtro interno que puede hacer que una idea desaparezca si empieza a sonar demasiado conocida. La intención no es complicar las cosas por complicarlas, sino encontrar ese lugar en el que una canción todavía tenga algo inesperado.
Con el tiempo, además, el proceso se ha vuelto cada vez más colectivo. La incorporación de otras miradas a la composición y producción les ha permitido salir de los acuerdos fáciles y llevar las canciones a lugares que no necesariamente habían imaginado al principio.
¿Qué encontrarás en este episodio?
- Cómo se construye una carrera de tres décadas desde Puerto La Cruz y qué significó para la banda recorrer una y otra vez la distancia hasta Caracas.
- La relación entre los cambios de la industria musical venezolana y la historia de Tomates Fritos.
- Por qué la banda prefiere cuestionar una canción antes que conformarse con una fórmula que ya funcionó.
- El “bullying interno” al que someten sus canciones y cómo deciden cuáles sobreviven.
- Cómo cambió su proceso de composición al incorporar nuevas perspectivas y trabajar de manera más colectiva.
- La historia detrás de las sesiones que grabaron en España y cómo un cambio de planes terminó convirtiéndose en una experiencia inesperada.
- Qué significa llevar una banda venezolana a otros países después de 30 años de carrera.
- Lo que Tomates Fritos ha aprendido sobre identidad, constancia y tiempo, y qué le dirían a quienes apenas comienzan.
Seguir haciendo canciones
Hay algo que atraviesa toda la conversación: después de 30 años, Tomates Fritos todavía quiere saber qué pasa cuando empieza una canción.
Han cambiado las circunstancias, las ciudades, la industria y las formas de trabajar. Pero sigue la necesidad de encontrar algo que no hayan hecho antes, de escuchar una canción y sentir que todavía hay un lugar al que pueden llevarla.
Quizás esa sea una de las formas más sencillas de entender la resistencia creativa: no dejar de buscar.
Porque después de 30 años, Tomates Fritos no parece estar interesado en llegar a una respuesta definitiva, sino a seguir haciéndose preguntas.
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